Recuerdo que cuando era niña era inevitable pasar por la prueba de la “germinación del guisante”. Ocurría entre los siete y los ocho años cuando un buen día la maestra entraba a clases, nos obligaba a abrir los cuadernos y procedía a explicarnos un nuevo experimento, debíamos cultivar un guisante dentro de un envase de vidrio para que germinara.
El proceso llevaba unas cuantas semanas y requería de gran cuidado y unos cuantos elementos. Ya no se recuerdo si alguna vez logré el éxito con mi pequeño hijo guisante o si terminó por echarse a perder luego de que intentara crecer una y otra vez. Lo cierto es que os traigo este cuento pues cuando he visto a este concepto de maceta llamado Jarst he vuelto a mis ocho años. Esta maceta también intenta cultivar y mantener a las plantas sólo que siguiendo las nuevas tendencias en ecología. El proceso es muy sencillo: la maceta cuenta con una base sellada y una suerte de recipiente allí dentro. El dueño de la maceta sólo debe aprovechar la basura de su hogar para arrojarla dentro del recipiente verde y luego esperar…y esperar.
Luego de entre cinco y seis meses los residuos ya transformados en abono se vierten en forma automática a la maceta para así alimentar la tierra. La gran pregunta: como se descompone la basura…Los diseñadores Leonardo Fortino y Andrea Bartolucci han mantenido el secreto bajo llave.
Y otra cuestión…¿Cinco o seis meses de espera? ¿Y el mal olor que emanará de la maceta???
Vía: Yanko Design

















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